Hoy le corté a Caro. [Ayer en realidad, porque hoy ya es hoy y pasé la noche sin dormir.] Fue a la mañana, y fue totalmente inesperado.
Después de que ayer la invitara al cine, y ella me contestara que no porque no tenía plata, quise ver a qué extremo llegaba su desgano. Como ella vive en provincia y yo en Capital, y como por donde ella vive todo cierra a las 10 pm, y no hay mucho para hacer, solemos salir cerca de mi casa. Sí terminamos muy tarde tiene que volver a su casa en un remis nada barato, y si vuelve en transporte público necesita dos colectivos y un tren (viaje de 40 min). Por eso, una salida al cine cuesta más que una entrada de cine y un pochoclo, y pesa aun más ahora que no genera ingresos. Su situación laboral es la misma desde hace un mes y medio, y aunque a mi no me pesa mucho invitar todo, sí me empezó a pesar su falta de ganas de hacer algo con su vida.
Resumiendo, anoche le propuse ir al cine y me dijo que no. Me ofrecí a pagar todo yo y me dijo que no le gustaba que yo invitara siempre, y que igual tenía que pagar el remis y no quería gastar tanto. Entonces le dije que podíamos salir cerca de su casa (tiene cerca el Plaza Oeste Shopping) y me dijo que era la misma situación entrada+remis. Sugerí entonces ir a la placita que queda en la esquina de su casa a tomar mate [el plan más barato y menos exquisito del mundo jaja, pero aprecio el aire libre, las plazas y los mates], así no tenía que moverse tanto, y me respondió que la plaza es fea y que no le gusta el mate. Irritante, la conversación tenía una naturalidad y una amabilidad absurdas. "Bueno", le respondí y la saludé. Después me dijo que la semana siguiente la madre le iba a dar algo de plata (desde hace 2 meses pactaron que hasta que consiga empleo le va a tirar algo así como $ 200 mensuales para moverse. Nada, digamos) y que ahí sí podíamos salir.
"Caro, no puede ser que no podamos ni siquiera ir al cine", le dije. Me contestó que no tiene ganas de trabajar, que ella puede adaptarse a no tener trabajo ni tener dinero. Que no le interesa buscar un trabajo, ni hacer nada. "No puede ser eso, Caro. Por qué te estás haciendo esto? Si a vos te gusta ser independente y tener tu plata y no depender de tus viejos", respondí. Y me contestó que ahora no quiere trabajar, pero la charla quedó ahí.
Al día siguiente [hoy.. o ayer, en realidad] cayó a casa con un desayuno de Starbucks, algo que me pareció absurdo pero me callé y agradecí la visita sopresa de mañana. Terminé algo en lo que trabajaba, me incorporé (oh! placer trabajar acostada con la notebook) y salió el tema de que no podía ser que no pudiéramos salir a ninguna parte porque no tiene plata. Y suena cruel pero el tema no es el dinero, sino lo que le está pasando. Yo la banco en todo (y todo) y no tendría problema en eso, si supiera que está buscando un trabajo. O aún si consiguiera uno en donde le pagasen menos de lo que pagaba el que perdió hace poco, podría adaptarme tranquilamente. Lo que me asusta es su desgano, la falta de ambición.
Yo acepto que soy una persona muy ambiciosa, y que esa es una cualidad que me gusta en la gente. Apuntar alto y trabajar para conseguirlo. Quise estudiar economía, y con 23 años voy a estar recibida. Quise trabajar y hacer experiencia, y ya voy tres años. Quiero hacer un master, y lo voy a hacer. Un día se me ocurrió que quería trabajar en el Banco Mundial, y creo que es probable que lo haga en algún momento. Fui un par de veces de vacaciones a Brasil y amé ese país para visitarlo más frecuentemente, tal vez algún día abrir un bar ahí, o algo. Mi amor por esas playas no se quedó en comprar un bikini, sino que me puse a aprender portugués ('y de paso me sirve para el cv cuando quiera ir al Banco', pensé jaja). Y quiero ahorrar. Gasto bastante pero también soy de ahorrar, y ya podría comprar un auto propio bastante bueno si no fuera porque por el momento no pienso renunciar al subte, ni comprar un auto para usarlo sólo en los fines de semana. Quedará como fondo para el master.
Caro admira que mi vida está encaminada, y piensa que la suya es un desastre. Yo creo que, salvando los sueños y ambiciones, soy una chica más que estudia y trabaja, pero ella piensa que soy demasiado para ella. Y ahora que perdió su trabajo y su independiencia financiera, siente que su vida se fue por el caño. Y el problema no es que no tenga plata, sino que no sabe qué hacer de su vida. Estudia una carrera bastante tradicional, pero no está segura de querer ejercer cuando se reciba, ni tiene apuro por hacerlo. Ya debería estar trabajando de lo suyo (en mi opinión) para ir pagando ahora el derecho de piso y poder tener un buen puesto cuando se reciba. Pero Caro no piensa como yo. En el mejor de sus mundos, le devolverían su empleo de atención al cliente de 6 horas, que le permitía ir al kiosco a cada rato y llamarme cada media hora, desaparecer en el baño por 20 minutos cada una hora, tomarse días de estudio, y hacer sus tareas sin demasiado esfuerzo más que estar parada todo el tiempo, cobrando su sueldo (bastante alto por lo que tiene que hacer) y seguiría ahí de por vida. Muy poca ambición, aunque me daba algunas esperanzas cuando me decía que la idea era, una vez después de recibida, continuar con este trabajo por la paga y a la vez hacer las prácticas de su carrera, que pagan muy poco, cosa de asegurarse un ingreso. Ahí cambiaba la mano, porque eso significaba que pensaba recibirse y trabajar de lo suyo, y que tenía algún plan.
Empecé el post diciendo que le corté, pero no se alarmen, porque después la medida se rectificó y [creo que] seguimos juntas. Volviendo a esa historia, vino a casa con el desayuno y le dije que no podía ser que a sus 25 años dependiéramos de que la madre le tirase $ 200 para juntarnos, que por más que no quisiera tenía que empezar a buscar un trabajo, y que yo la bancaba en todo siempre que estuviera moviéndose para mejorar.
Y yo sé que Caro está mal, que está en una fase de decir "esto es así, si te gusta, bien, y si no, chau", y que por eso me respondió "pero no quiero un trabajo... así que decidí vos".
Sí, una vez más me dijo que no tenía intenciones de cambiar lo que iba mal, y que si no me gustaba podía cortarle. Y yo... estoy totalmente confundida. Porque si bien sé que la está pasando mal, y que todo su desgano probablemente se deba a un cuadro depresivo, y que tengo que estar ahí para bancarla, no podía menos que remarcarle que no quiero una novia sin ambiciones. Que no puedo estar con alguien así. "Bueno... entonces...?", me dijo provocativamente, y yo sólo quería que en alguna parte de mi sermón me interrumpiera y me dijera "estoy mal, pero no quiero seguir así", buscando una mínima ventana de oportunidad para tener la esperanza de que esto es sólo temporal.
Y seguí prolongando el sermón. Que no puede ser que mientras yo trabajo ella duerme y cuando yo duermo ella se pasa toda la noche chateando, que así nunca podemos vernos. Que no puede ser que con 25 años no le moleste depender de los padres. Que a ella tampoco le gustan las personas sin ambición, que no le atraen, y que por eso no puedo creer que quiera eso para sí. Que quiero una novia con quién poder hablar de cómo fue nuestro día, y que la respuesta no sea "chateé y dormí y ahora estoy aburrida" siempre. Que quiero una novia con quién poder mirar al futuro y decir 'bueno, ahorremos algo de plata y hacemos un viaje'. Dije viaje? Demasiado ambicioso; quiero una novia con quien poder salir a bailar, ir a tomar algo, salir a comer sin tener que pensar 'no quiero gastar $ 10 en un remis'.
"Me estás dejando, entonces?" inquirió. Y le dije que sí. Y no caí. Eran las 10 am, tenía una hora para dormir una minisiesta antes de ir a la oficina, y me propuso dormir un poco. Se acostó al lado mío, y a los 10 minutos me dijo que eso era demasiado raro y que no entendía nada. "Me dejás entonces, no?" "No quiero dejarte, Caro! No quiero estar sola ni quiero estar con nadie más que vos, pero no puede ser esto", le contesté.
Nunca en mi vida corté una relación con nadie. Se lo dije. Me preguntó si igual podía llamarme y le dije que obvio que sí, que también podíamos vernos. "Esto significa que ya no vamos a darnos besos?" me pregunté en voz alta, y ahí caí a la realidad del break up y empezaron a caer las lágrimas. "Ni nos vamos a agarrar la mano cuando estemos juntas?" ...Llanto.
"Yo sabía que me ibas a dejar. Sabía que chicas como vos no están con chicas como yo, pero igual insistí y te busqué. Soy una idiota", se lamentó. Pero yo quiero estar con vos Carolina! Carajo! Yo te banco en lo que sea, sólo no me digas que el resto de tu vida vas a ser así, y que no te importa nada, que te adaptás a lo que venga! Si te toca vivir en la calle abajo de una caja de cartón, ¿te adaptás en vez de hacer algo para cambiar la situación?
Y repito: en mi cabeza hay una gran confusión. Porque, como me explicaría mi madre esta noche, el no tener ganas de nada es un síntoma de la depresión. Siento ganas de enojarme, y a la vez sé que lo que provoca esto es un factor que ella no controla. Pero no puedo no enojarme si me ofrece ir al cine cuando la madre le de plata, o si de golpe un día deja de decirme que me quiere (como sucede desde hace algunas semanas).
Tanto tiempo repitiéndome que la banco, que voy a estar con ella mientras mejora... y la dejé! (me sorprendió a mí misma, me decepcioné un poco.)
Lloramos, nos abrazamos. Pero ella seguía sin decir nada. Yo tenía reclamos; ella no tenía peros. Yo sólo quería que me recordara que todo esto se debe a que está mal, pero nada. No decía nada y su silencio empezó a irritame. "Te banqué tantas cosas", le reclamé. "Todo el tiempo, casi todos nuestros altibajos se debieron a tu ex. Incluso ahora, lo que desató tu tristeza es que ella dejó de hablarte. Y me lo banqué, no dije nada aunque ya estaba cansada de depender que lo que hacía o dejaba de hacer tu ex para que estuviéramos bien... Toda nuestra relación se trató de bancar, bancar, bancar, a ver si en algún momento llegábamos a buen puerto... y nada. No llegamos a ninguna parte." Se limitó a pedirme perdón.
Mi especie de ataque de ira se debió más que nada a su falta de reacción. Podrías decirme que no querés que te corte, no? Bueno, nada. Me levanto, te pregunto qué vas a hacer ahora que me voy al trabajo. No tiene nada que ver, pero desde hace un rato el oído me duele insoportablemente. Ya no puedo pensar del dolor. Hay silencios en los que vos tratás de caer a la realidad de que te estoy dejando, y en los que yo no puedo más que pensar en lo inoportuno de la situación y de este dolor agudo y ensordecedor que me irrita cada vez más y no me deja pensar. Pienso que ojalá que mis reacciones y palabras no se vean afectadas por el dolor de oído. De a poco me voy obnubilando cada vez más. Justo ahora te cae la ficha.
"No...quiero... que me dejes", balbuceás. Ya no puedo prestarte atención, el dolor me quema, me aturde, casi que no puedo escucharte. "No quiero que me dejes," repetís y me abrazás. Yo me enfoco en evitar que en el abrazo tu cara le pegue a mi oído. "Yo tampoco quiero dejarte", contesto un rato después. Y vos me pedís que juguemos a que no te dejé, y te largás a llorar. El dolor pasa a un segundo plano, lloramos juntas. Nos acostamos, nos incorporamos, nos levantamos cambiamos de posición sin decir mucho. El tiempo pasa y los latidos de mi oído empiezan a retumbar cada vez más fuerte. No es que quiera echarte de casa, pero empiezo a preguntarte de nuevo qué vas a hacer ahora que me voy al trabajo. Sí, te estoy echando. Pero no voy a ir al trabajo, me voy al médico. No doy más. Estoy pálida, ya ni puedo abrir bien la boca para modular. No puedo reaccionar. Querés jugar a que no cortamos? Bueno, lo que sea. Querés acompañarme al médico? Sí, me da igual. No puedo pensar. Es como si el interior de mi oído se hubiese hinchado al punto de taparlo, ya no escucho más que un latido doloroso.
Vamos al médico. Atención chota, la recepcionista me trata con poca paciencia, el médico me trata en menos de 5 minutos y diagnostica una Otitis externa. Salimos del consultorio y Caro quiere hablar. Quiere decirme todo lo que se calló en la escena anterior. Yo quiero... nada, so sé. Pero definitivamente no quiero hablar.
Me abraza. Me dice mi amor, mi manatí (cariñosamente nos decimos 'manatí'), te quiero mucho, te adoro, no me dejes, yo solo quiero estar con vos.... Todas las palabras que se vino ahorrando desde hace dos meses se apuran por salir de su boca apenas cruzamos la puerta del consultorio, pero soy inmune. No me ablando, vamos caminando por la calle y voy callada, me da igual que ella esté conmigo o no, me duele mucho el oído y solo puedo pensar en mi cama, en recostarme y dormir hasta que se me pase.
Suena su teléfono. Se aleja unos pasos y habla. "No quería no decirte nada pero... era Laura", me comunica. Sí, la ex. "Qué casualidad que tu ex que no te habla desde hace dos meses se haya acordado de vos el día que cortamos!," le digo, y pienso que mi vida es una comedia bizarra, y que menos mal que abrí un blog para contar este tipo de casualidades lamentables. Laura se muda de provincia. Son las 14 hs. y su micro parte a las 16 hs. No quiere alterar a Caro, pero le avisa por si quiere ir a despedirse. Y yo miro a Caro con cara de infelicidad y dolor e ironía. Le digo "Volá de acá" con los ojos. Le digo "Volá de acá".
"Pero no quiero que me dejes," replica. Y yo... me siento superada por toda la situación. Al fin y al cabo acabo de cortarte; al fin y al cabo no puedo pensar del dolor más que en dormirme y que se me pase; al fin y al cabo jamás hubiera esperado que encima de todo te llamara tu ex. "Andate", le digo. "Pero no quiero que"... Nononono chau! Andate. Después vemos. Esto es un chiste, pero ya no puedo manejarlo. En serio, ya ni me importa si te vas a despedirla porque, que yo sepa, acabo de cortarte, y lo que vendría ahora es una larga conversación, porque recién ahora te acordás que te quedan cosas por decirme antes de cortar, y creo que no puedo tolerarlo. Así que andate. Querés pasar por casa después de despedir a tu ex?? Nooo, olvidate!! Yo voy a estar durmiendo. Me siento mal y no quiero que me joda nadie. Nadie. Y menos con una charla densa. See see, volá. No, no vengas para casa después, no quiero que me cuide nadie. Listo, acá llegamos al subte. Combiná con la línea C y aparecés en Retiro. Chau chau.
Y me subí a un taxi.
Unas horas más tarde Caro empezaría de nuevo, por teléfono, con que me quiere decir las cosas que quería escuchar. Que si bien por ella no le molesta estar todo el día tirada en la cama y no poder salir porque no tiene plata ni ganas, que yo soy el amor de su vida y que por mí está dispuesta a buscar un trabajo e ir al psicólogo. I'm way over it, este no es el momento para escucharlo. Estoy dormida, y no quiero despertarme porque va a volver el dolor. Me siento un poco como Meursault, me recuerdo una vez más a El Extranjero de Camus, con su impasividad e indiferencia, y su imposibilidad de poner lo físico e irrelevante en segundo plano para atender a la situación más urgente que está viviendo.
Siguió llamándome unas 4, 5 veces a lo largo del día. No paró de decirme mi amor, mi vida, te quiero mucho y todo lo que parecía que se había olvidado en las últimas semanas. Le tiré un par de 'yo también' para no hacerla sentir mal, pero me dediqué todo el día a dormir, y no pensé ni un segundo en que hoy a la mañana habíamos cortado.
Yo sé que ahora me dice todas esas cosas porque cayó en la cuenta de que le corté, de que ya no vamos a estar juntas. Y que tiene miedo de que ahora que lo dije en voz alta, si no me recuerda que me quiere, no me va a costar mucho volver a cortarle.
Veremos cómo sigue todo mañana. Por lo pronto, parece que seguimos juntas o en stand by. Desde las 6 pm el dolor no se me va con nada, ni ibuprofeno ni diclofenac ni las gotas del oído. Ahora son las 2 am y no aguanto más. Estoy por largarme a llorar y mi cabeza se encarga de recordarme que las infecciones del oído están entre las más dolorosas. Quiero un corticoide. Nada de pastillitas o gotitas, quiero que me inyecten la solución, que en 20 minutos el alivio viaje por mis venas. Así que me cambio y me voy a la guardia de una clínica. Salir de mi casa nunca fue tan veloz y eficiente; no me peino, no me abrigo, todo lo que necesito ya está adentro de mis bolsillos. Una vez ahí, la doctora no me quiere recetar el corticoide. Me revisa, me habla, me pregunta sobre mi largo historial de Otitis. Me receta un opiáceo que se supone me va a sacar el dolor enseguida. Y está a punto de despedirme cuando afloja y me receta el corticoide 'porque tenés carita de que no das más'. Me pinchan, me tomo la pastilla. Acá estoy, esperando a que haga efecto y contando como fue mi día. Lo de Caro fue casi anecdótico.
jaja el post más largo de mi vida. Oops!
ResponderEliminarAh, pero qué patada en el culo che... y en el oído también!! MA LÍ SI MO tu día...
ResponderEliminarLo bueno: se acabó el día. Y lo mejor: ya se acaba el año, ja.
Nada piba, estás en el límite de la paciencia... ojalá Caro reaccione antes que cruces ese límite. Y sino, mala racha cucaracha.
Besos, y que mejore el oído!
(pd: "manatí"??? no da que se digan así tiernamente... Manatee hay una sola! jaaa! ;))
jaja sí Mana-t, un día horrible. Traté de dormirlo todo, pero a la madrugada ya no había más sueño. Por suerte las drogas ya habían empezado a hacer efecto... Por dios que se termine el año de una vez! (Como si el lunes 4 de enero no fuera a seguir todo igual jaja)
ResponderEliminarpd. Sí, manatí... hay más manatis (o manatíes) de lo que crees jajaja. Es genial eso, porque con Caro, antes de conocernos, nos preocupaban nuestras probabilidades de reproducción y continuación de la especie.
Feliz año nuevo!!
Cap, ya sabes lo que pienso y no puedo frenar mi sinceridad: Cortale, por Dios, no te merece!!! porque nadie en este blog se sinsera y dicen lo que realmente piensan. Se que más de una piensa como yo.. pero no se anima a decirlo.
ResponderEliminarQue es lo que te enamora de ella?
No es que esta depresiva, ella es así, es hora de que lo asumas, lo se y de múltiples fuentes.
Acordate lo que hablamos alguna vez, hay que mantener la mente sana y para eso se necesita a alguien relativamente sano al lado. Uno necesita a un par, no a una chiquita para cuidar o retar. Think about it!
Perdón por la crueldad, es porque te quiero. Arranca bien el año,suerte con tu oído. Me voy hoy y vuelvo el 17/01. Me comunico a la vuelta. Besotes!!!
Esta historia al principio me hizo acordar a la peli ¨Un novio para mi mujer¨. No es que importe, peeero.. me hizo acordar igual.
ResponderEliminarSaludos!