Este es el mejor juego del mundo:
Tan es así, que me volví adicta a la batería y me prometí tomar clases si me recibía. Así que hoy empiezo a averiguar.
miércoles, 26 de mayo de 2010
jueves, 20 de mayo de 2010
Licenciada
mis felicitaciones a mí misma, desde mi blog, por haberme recibido! Yeahhhhh
Todavía no caigo. Todavía no bajó mi nivel de nervios.
Hacía dos meses que tenía mi meta puesta en este final. Hacía un mes que venía leyendo, de a poquito, la bibliografía, que era bastante extensa. Quería dejar todo subrayadito para cuando llegara la hora de estudiar a full. Por un mes cargué TODOS los días un pesado libro en mi mochila, y aproveché cada vez que podía sentarme en el subte para leer unas hojitas.
Diez días antes del examen establecí metas. No las cumplí muy bien que digamos, pero de los cientos de exámenes [48 materias x (parciales + finales)] esta fue la única vez que podría decirse que estudié bien, con tiempo. Por esos diez días postergué todo. No salí al cine, no fui a bailar, no leí otra cosa que no fuera sobre finanzas, no jugué a la Wii, no vi los episodios más recientes de Lost, no fui a jugar al fútbol ni al gym.
Un día antes del examen ya tenía todo lo difícil estudiado, y lo fácil mínimamente leído. Y por primera vez en mi vida, de todos esos cientos de exámenes, ésta fue la única vez en que dormí ocho horas la noche antes de un parcial... Porque siempre estudio a último momento, bajo presión, la última noche, durmiendo apenas un par de horas.
Rendir fue... fácil. Me tomaron muy fácil. Pero convengamos que estaba preparada para lo peor. Si me tomaban algo jodido, yo creo que aprobaba. Ahora me creo mil. Ahora soy Licenciada en Economía, ja.
¿¿Quién me va a bajar del pony ahora??
Bueno, nada. Detento liberación de nervios. Me llenaron de huevazos y harina y yerba; una amiga desubicada llevó hasta salsa de soja. Tan un asco era, que me limpié con una canilla que hay afuera del edificio de la facultad. Una crota, lavándose el pelo arrodillada en el piso de la calle jajaja.
Pero me recibíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Todavía no caigo. Todavía no bajó mi nivel de nervios.
Hacía dos meses que tenía mi meta puesta en este final. Hacía un mes que venía leyendo, de a poquito, la bibliografía, que era bastante extensa. Quería dejar todo subrayadito para cuando llegara la hora de estudiar a full. Por un mes cargué TODOS los días un pesado libro en mi mochila, y aproveché cada vez que podía sentarme en el subte para leer unas hojitas.
Diez días antes del examen establecí metas. No las cumplí muy bien que digamos, pero de los cientos de exámenes [48 materias x (parciales + finales)] esta fue la única vez que podría decirse que estudié bien, con tiempo. Por esos diez días postergué todo. No salí al cine, no fui a bailar, no leí otra cosa que no fuera sobre finanzas, no jugué a la Wii, no vi los episodios más recientes de Lost, no fui a jugar al fútbol ni al gym.
Un día antes del examen ya tenía todo lo difícil estudiado, y lo fácil mínimamente leído. Y por primera vez en mi vida, de todos esos cientos de exámenes, ésta fue la única vez en que dormí ocho horas la noche antes de un parcial... Porque siempre estudio a último momento, bajo presión, la última noche, durmiendo apenas un par de horas.
Rendir fue... fácil. Me tomaron muy fácil. Pero convengamos que estaba preparada para lo peor. Si me tomaban algo jodido, yo creo que aprobaba. Ahora me creo mil. Ahora soy Licenciada en Economía, ja.
¿¿Quién me va a bajar del pony ahora??
Bueno, nada. Detento liberación de nervios. Me llenaron de huevazos y harina y yerba; una amiga desubicada llevó hasta salsa de soja. Tan un asco era, que me limpié con una canilla que hay afuera del edificio de la facultad. Una crota, lavándose el pelo arrodillada en el piso de la calle jajaja.
Pero me recibíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
miércoles, 5 de mayo de 2010
Jodida
Hoy, cuando chateábamos y justo te anuncié que me volvía a casa, me pediste que te llamara para decirme absolutamente nada, y me calenté. Te lo dije. Es más; me aventuré a generalizar. Te dije que me irrita que me llames o me pidas que te llame cada vez que te digo que estoy saliendo, porque suponés que no tener nada para hacer es inherente al estar yéndome, cuando, en realidad, para mí representa un pico de actividad el alistarme para partir. Te molestó lo que dije. Hubieras preferido que te dijera en ese momento que no podía hablar, en vez de toda esa perorata acerca de cuánto me irrita que me llames para no decirme nada, cada vez que podría estar yéndome.
Mi cerebro se congeló. Paré de guardar las cosas (para irme) y esperé a que mi cabeza elaborase alguna respuesta lógica y entendible, y que la transmitiera a la punta de mi lengua antes de volver a llamarte para aclarar por qué no deberías estar molesta. La respuesta perfecta no llegó. Me paralicé.
Se cumplió el tiempo máximo para la réplica, te llamé (sin saber bien qué decir), insistí en que te había dicho las cosas bien y que lo que había dicho era cierto (?); que la generalización a TODAS las veces que me llamás cuando estoy por salir era válida. Ahí me quedé sin argumentos, me ofusqué, me salió decir que últimamente me siento aprisionada por el teléfono, y que cada cosa que hago, siento que la hago con una mano ocupada sosteniendo el celular en mi cabeza. Me extiendo; te digo que quiero hablar menos por teléfono.
Mientras lo digo, me pregunto si realmente lo siento. En caso de respuesta afirmativa, este no es el momento para traerlo a colación. Me trato de convencer de que sí es cierto. A la vez, otra persona en mi cabeza (mi otro yo; el que dialoga conmigo cuando pienso) me recuerda que eso era así hace mucho tiempo, pero que últimamente nos normalizamos y tenemos un volumen de conversación más lógico. Ahora no tenemos más el problema de no poder dejar de hablar por teléfono (problema que, btw, era tuyo. Eras vos la que llamaba siempre). Básicamente ya no tengo de qué quejarme.
Todo esto lo pienso mientras trato de seguir argumentando por qué te dije lo que te dije; defendiendo lo indefendible, remando lo inremable, porque si bien ya caí en la cuenta de que te dije las cosas de un mal modo, no puedo dejar de llevarte la contra. La razón es mía y no la doy a nadie.
En veinte minutos te voy a llamar pidiéndote perdón, confirmándote que es cierto que te dije las cosas mal, y que no siento que debamos hablar menos por teléfono. Que me siento mal y quería irme a casa lo antes posible, y por eso reaccioné muy mal. Soy demasiado racional como para no saber de memoria que admitir los errores facilita las cosas, e incluso perfecciona.
Pero qué persona jodida que soy, che.
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