Amoral: Así me siento. Finalmente descubrí lo que me tenía triste en estas últimas semanas; lo que me faltaba. No se trataba de algo que me tuviera inquieta. Por el contrario, me tenía adormecida, me invalidaba. Me faltaba una fuerza vital. Como si todos estos meses me hubiese estado moviendo casi sólo por inercia.
Me explico: toda la vida me gustó alardear sobre mi rectitud, y la convicción en mis valores (más bien tirando a católicos/conservadores). Siempre me la jugué de mina con códigos. Pero no era sólo alarde, ni mera hipocresía. Verdaderamente tenía esa convicción. Me sentía capaz de distinguir entre lo bueno y lo malo, y lo suficientemente fuerte como para elegir siempre lo bueno.
Pero el año pasado... No sé bien que pasó. Empecé a vivir más rápido, y con más desenfreno. No perdí la oportunidad para ir a todas las fiestas, de salir sin importar qué día en la semana, y sin importar con quién. Me distancié de mis amigos, y conocí gente nueva (gente buena, pero por ella dejé a mis amigos un poco de lado), y le di poca relevancia a la facultad y al trabajo, incluso dejé fútbol a mitad de año. Las ganas de que llegara el viernes por la noche me consumían desde el lunes por la mañana.
No digo que estuviera del todo mal. Tal vez hasta lo necesitara; salir a conocer todo ese ambiente nuevo del que me había imaginado tantas cosas. Pero creo que la impaciencia y el desenfreno estuvieron un poco de más. El tema es que en la velocidad a la que viví todo eso, me perdí. Me olvidé de ese sano ejercicio de detenerme y reflexionar, de evaluar cómo venían las cosas.
Ojo!, no hice ninguna locura, ni cometí ningún acto malo. Pero ayer me sorprendí al darme cuenta de que ya nada me sorprende. Las pequeñas injusticias, las mentiras, los actos de egoísmo... todas cosas que antes me hubieran indignado, hoy casi me son indiferentes. Será ese el primer síntoma antes de convertirme en una persona egoísta, injusta y mentirosa?
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