Si te dices a ti mismo que vas a estar ante el escritorio mañana, con esa declaración le estás pidiendo a tu inconsciente que prepare el material. En efecto, estás celebrando un contrato para recoger tales objetos de valor en un tiempo acordado. Cuenta conmigo, le estás diciendo a unas pocas fuerzas de abajo: estaré allí para escribir. El punto es que tienes que mantener unas relaciones confiables. Si te levantas por la mañana con resaca y no puedes ponerte a trabajar literariamente, tu inconsciente, después de fallar varias veces en aparecer, se retirará.
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...Si te dices a ti mismo que vas a escribir mañana, entonces, no importa lo mala que sea la resaca o lo prometedora que sea una invitación repentina por la mañana para hacer algo más disfrutable. No, te sientas con diligencia, como un esclavo, y trabajas. Esta orden es del todo antiromántica en espíritu. Pero si te sometes a esta imposición, este decreto que te obliga a ser confiable, entonces, después de cierto período de tiempo –puede llevar semanas o más-, el inconsciente, cuidando sus desilusiones, puede confiar otra vez en ti.
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Regla general: la inquietud mental puede medirse por la cantidad de promesas que no cumples.
de “Un arte espectral” de Norman Mailer.
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